Espacios

Me rodean y envuelven.

Otras veces me atrapan y marean.

Esos vacíos sin vida existen.

Están ahí.

 

Tú los llenabas

Daba igual si con silencios

o  con palabras.

Con sonrisas o ironías.

 

Un simple roce, un simple suspiro,

llenaba de vida ese espacio.

Ahora vacío, frío y profundo.

Ayúdame a saber vivir sin ti.

Por mí….. por ti.

 

Pilar Moreno, 29 de mayo de 2019

 

Poder sobre la vida

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Reto mes de mayo: Molinillo del tiempo, personaje barbudo y sueños

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Desde que encontró el molinillo-reloj en el cofre de la buhardilla, no había dejado de  darle  vueltas a la manivela. Se percató que podía jugar con las horas, los meses e incluso con los años de la persona que escogiera y entonces  borrarle el presente, acelerarle el futuro o anclarlo en el pasado. Él hecho de no poder aplicárselo a su persona, lo desquiciaba. No siempre era ecuánime con el poder que le daba poseer semejante pieza. Se sentía un “todo poderoso”   frustrado por no poder conseguir el anhelo de ser  el dueño de “sus tiempos”.

 

Pilar Moreno, 18 de mayo de 2019

Desconsuelo

(Las 100 palabras que debía tener el relato de «Escribir jugando», esta vez, se me han quedado cortas, por eso he puesto la directa y me explayado un poco más)

Más que sujetar sus libretos, los mecía, incluso a veces los devoraba buscando entre líneas sentimientos no mostrados o las palabras no dichas en esos casi cuarenta años de convivencia.

Tenía arrebatos de alegría, unas veces, otras  de dolor, de desconcierto, por no dar  con respuestas que me reconfortaran, así que salí de casa tirando sus escritos a un rincón y  dando un portazo.

Me encontré con un firmamento oscuro, punteado con  el resplandor intenso de las estrellas que brillaban por encima de la luz amarillenta y mentirosa de las farolas, que sólo me ofrecían sombras inciertas y acrecentaban mis temores internos.

Pasee y vagué sin rumbo por la ciudad intentando revivir  la sensación de sus besos, de su  voz, la caricia de su mano… de su compañía.

Llegué a la orilla del mar y me senté. El rumor de las olas trajo sus susurros, la oscuridad del cielo y la lejanía del horizonte me mostró la perspectiva de mis pensamientos y la luminosidad de las estrellas me confirmó su presencia.

Se mezcló la sal de mi alma con la sal del mar y eso me hizo sonreír, sonreírle a él por pensar que yo también debía ser la sal de la tierra, para él, por él y por no fallar a quien más me necesitaba. También incluí no fallarme a mí, a esa esencia de superviviente de la que siempre he hecho gala y que él siempre me ha alentado.

¡Va por tí la sal de mi esencia!

 

27 de abril de 2019

 

 

Confusa

(La consigna era la imagen de esa carta, un libro o libreta y el número 40)

 

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Más que sujetar sus libretos, los mecía. Buscaba entre líneas los sentimientos no mostrados o las palabras no dichas en esos cuarenta años de convivencia. En un arrebato de dolor, por no dar  con respuestas que me reconfortaran, salí de casa dando un portazo.

Me encontré bajo el abrigo de las estrellas que  brillaban por encima de la luz amarillenta y mentirosa de las farolas que sólo me ofrecían  sombras y temores. Pasee y vagué sin rumbo por la ciudad intentando revivir  la sensación de sus besos, de su  voz… de su compañía.

Y sólo lo conseguí cuando miré al firmamento y sentí que él estaba allí para cuidarme como lo había hecho siempre.

Pilar Moreno, 27 de abril de 2019

Despedida

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Creía que, con la música de su lira y el aire que salía de su inflador mágico, conseguía  explosionar los colores sobre las verdes praderas. Era feliz cuando las amapolas, al igual que las margaritas blancas y amarillas se balanceaban al son de su música.

Aquella primavera iba a ser la última para ella y su campo,  como hechicera que era, lo sabía. Así que compuso una música llena de silencios y despedidas para aquellos tallos secos de colores muertos.

Unos monstruos metálicos, desde hacía semanas, estaban  aniquilando con  sus afiladas cuchillas,   el poder de su magia.

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(Propuesta de Marzo: Mujer del bosque con inflador de aire, lira y primavera)

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Ni las ratas se salvan

Llegó camuflada entre la lluvia de estrellas de aquella calurosa noche de verano. Se dejó caer entre los rascacielos de la Gran Avenida. Botó y rebotó en el duro asfalto hasta colarse por una de las alcantarillas. Salió de su burbuja  con los  estiramientos pertinentes. Tardó muy poco en darse cuenta de que aquello era peor que los agujeros negros del espacio. Apretó el power de su mano para calibrar el peligro y las posibilidades de incorporarse a aquel medio. Sus chips escanearon el lugar. Todas las alertas se dispararon ipso facto: putrefacción máxima, engendros imposibles de identificar, oxigeno bajo mínimos, temperatura 40º, humedad 98%. Peligro de oxidación para los circuitos que llevaba integrados.

Su mayor cualidad era lo valiente y transgresora que era en sus misiones, así que sin pensárselo dos veces se mimetizó con aquellas cosas que se movían. Eran ratas ¡cómo no! Las había a cientos moviéndose como hormigas en un hormiguero, pero sin ton ni son. Se tropezaban, chillaban y se enfrentaban. Se dio cuenta que ella las veía, pero que la mayoría de aquellas bestias estaban ciegas.

De golpe se encontró con un bicho de gran tamaño sobre ella. Le había introducido una pequeña estaca por la parte trasera de su cuerpo. Después de unos envites repetitivos, que le resultaron humillantes, se le despegó  y se  alejó jadeando. Algo había sucedido en su interior.

Se escaneó y retumbó el  pitido de peligro: Intrusos en tu interior le avisó el chip.

Se dijo, si yo puedo estar dentro de ellos, porque no dejar que ellos estén dentro de mí.

Se dio el tiempo de dos lunas para indagar en aquella comunidad, pero al 23º día algo le hizo buscar un lugar seco y libre de peligros, se enroscó y con un apretón abdominal empezó a sacar, casi disparados, diminutos seres por los que rápidamente sintió el afán de proteger. Agotada, después de sacar a más de una docena, se puso panza al aire y ellos rápidamente se engancharon a sus pezones inflamados. Así pasó cinco  días, sin apenas fuerzas, pero con el instinto de amamantar sin pausa ni descanso. Sus retoños la abandonaron a la semana,  sin ningún signo de agradecimiento, no le gustó, pensó que no iba a ser tan entregada si se daba una próxima vez.

Agradeció ver a sus semejantes y corretear entre ellos en busca de alimento y compañía. Pasadas pocas horas, notó a una rata enorme intentando montarla, esta vez no le dejó. Le plantó cara y  mantuvieron una pelea inusual en aquella comunidad. Todos se habían quedado quietos y escuchaban atónitos, paralizados ante los gruñidos que le metía al macho alfa de la manada. Él seguro de sí, le intentaba morder en el cuello para paralizarla y así consumar su acto sexual.

No, no pudo. Ella tenía los circuitos cruzados y muy cabreados así que no tardó en achicharrarlo con sus uñas incandescentes.

Y ahí comenzó la lucha. Ellas la tomaron como la abanderada de la  dignidad y ellos como la feminazi de las alcantarillas.

La batalla había comenzado.

Ya había contabilizado seis lunas, pero, muy convencida  ella, se dijo: “donde tener una mejor causa para hacer que este universo evolucione” y se quedó  con todo un sequito de ratas liberadas y felices, dispuestas a dar su vida por crear una comunidad más digna para ellas.

Pilar Moreno, 8 de marzo de 2019

 

 

 

 

Escribir jugando (febrero)

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La casa de los tesoros

Cada mañana, el pequeño Henry y su perro, jugaban a esconderse entre los abetos mientras se encaminaban  a la casa abandonada del cerro. Allí siempre descubrían algún tesoro nuevo: pelotas viejas, trenes de latón sin ruedas o  flores  que habían nacido en el interior del salón. Rosas,  margaritas y pensamientos crecían sobre una hermosa alfombra de tréboles. Jugaban y luego, agotados,  descansaban sobre ellas hasta que emprendían el viaje de vuelta.
Cuando se iban, el guardabosque entraba a recomponer el desaguisado y como si fuese un  duende mágico  del bosque, les dejaba esos tesoros que tanto disfrutaban.
 
Pilar Moreno, 20 de febrero 2019

(100 palabras: bosque, montón de juguetes y flor)

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Partidas en línea

Hacía muchos meses que jugaban partidas de ajedrez en línea. Intuía que aquel contrincante podía llegar a ser su media naranja. Era inteligente, prudente y seguro en sus movimientos, evidentemente,  estudiados. Al revés que ella que funcionaba por impulsos a la hora de mover sus piezas. La intuición le era buena compañera.  

 Aquella noche decidió dar el paso, se estaba enamorando de él. Le envió por chat el número del móvil para ver su reacción. A los pocos segundos sonó.  Al descolgar, una voz dulce y angelical,  le dijo:

  • Me llamo Cristina y tú?

Pilar Moreno, enero 2019

(100 palabras – Elementos que han de aparecer: partida de ajedrez y un móvil))

Una tarjeta regalo: masaje erótico

Era un antro. No se podía calificar de otra manera. Nada más abrir la puerta  que le habían indicado reparó en  lo que debía ser un humificador del que salía un humo denso, apestoso, entre jazmín y pachuli. Pensó  que lo tenían  con la pretensión de seducir al cliente y enmascarar la peste de clientes anteriores. A él le provocó una arcada.

Julián se despojó de la toalla y se estiró en la camilla. Automáticamente bajó la intensidad de luz tornándose cálida, anaranjada. Intentó relajarse, pensar en que aquella tarjeta regalo se la habían obsequiado de buena fe. Un guiño osado, por parte de sus compañeros de trabajo, para que despidiera su soltería como dios manda, con algo transgresor. ¿Cómo decir no? Lo acosarían con preguntas, pedirían uno y mil detalles sobre ese regalo que a todos les hacía tanta gracia. Estaba dispuesto a  cumplir con las expectativas. Para él, a ratos, también era una prueba excitante.

Tumbado boca abajo, cerró los ojos al oír entrar a la persona que lo iba  a masajear.

Sintió unas manos poderosas, hábiles, que amasaban con pericia todos los músculos de su espalda, acariciaban sus riñones, sus nalgas. Unos labios carnosos y muy húmedos, empezaron a besarle, a lamerle la piel lentamente. Jadeaban los dos.

Su excitación lo estaba mareando. Le faltaba el aire. Se giró en busca de culminar la eyaculación que ya no podía contener por más tiempo.

  • Sácame todo niña, sácamelo de una  vez – Pudo decir antes de abrir los ojos y encontrarse con un rubio marcando bíceps, rebozado en aceite y con una erección enorme.

Julián tembló. Se odió por lo que estaba sintiendo. Sus ojos se inundaron de lágrimas que resbalaban por sus mejillas mientras el otro no  dejaba de masajearlo. Estalló con un gemido que hasta a él lo sobresalto. Con mucho esfuerzo consiguió reponerse y vestirse. Quería huir. Sin unas gracias ni un adiós bajó las escaleras de cuatro en cuatro. Lloraba, reía, se sentía sucio y feliz a la vez…

 

 

Llegó a casa, quería ducharse antes de que llegara su prometida. Restregó su piel con fuerza para eliminar aquel tufo que tanto le había excitado.

Aquella noche hizo el amor con ella de una forma diferente. Más intensa, más atrevida. Ella gimió, tembló como nunca lo había hecho. Él feliz.

No podía sacar de su piel la sensación de aquellas manos, la imagen de aquel adonis. Se dijo “una vez, sólo una vez más” Y se dirigió a la apestosa escalera del barrio chino.

Entró muerto de vergüenza, pidió un servicio del “Ruso”, así le dijeron que se llamaba. Esperó quince eternos minutos con su ticket en la mano en el que ponía “servicio completo”.

Entró con el mismo ritual de la otra vez. Se colocó boca abajo.

Pero al entrar el musculitos, no pudo contener el deseo desbocado que llevaba dentro y lo colocó doblado sobre la camilla. Se desfogó en menos de dos minutos. Fueron dos minutos llenos de fuego y ansia con final tremendamente satisfactorio.

Volvió a salir como si lo persiguiera el diablo, pero con la sonrisa en los labios. Feliz porque ahora estaba seguro de que había descubierto la manera de cómo llevar a cabo las fantasías que siempre lo habían perseguido.

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Pilar Moreno, 5 de noviembre de 2018

Uniones que nunca deberían separarse

Mercedes apenas descansa, siempre pendiente de ese hipo, eructo o gemido que Lucas emite mientras duerme en su rudimentaria cuna. Quiere evitarle la más mínima incomodidad. Va a cumplir tres años y ella, su madre natural, quiere detener el tiempo. Le habla, le repite una y otra vez que ella es su única madre, que es la luz de su vida, que sin él no va  haber vida allí dentro y tampoco fuera sin él. Lo acurruca junto a ella, en su estrecho y desvencijado catre y sigue susurrándole aunque le vence el sueño. Quiere  grabarle en el cerebro y en la piel, sus palabras, su historia y todo el amor que siente por él. Le pide perdón mil veces, lo besa otras mil y lo mece como si siguiese siendo un bebe de tres meses. Afortunadamente sigue teniendo leche en sus pechos. Lo acomoda y,  aun estando dormido el niño, mecánicamente, le succiona el pezón que tiene en carne viva. Tiene el brío de un niño, no el de un bebe al mamar. A ella le duele, pero lo disfruta. Es una comunión con el hijo de sus entrañas, es el  momento más íntimo y profundo del día, donde ella cree que le trasmite todo lo bueno que existe en su interior.

Lo mira y llora. Lo mira y sonríe. Lo mira y tiembla. ¡Qué poco le queda para poder repetir ese momento! Lo abraza contra sus pechos, fuerte, muy fuerte, demasiado y mientras reza pidiendo perdón a su dios. El niño patalea sólo unos segundos, luego se convierte en un muñeco al que sigue meciendo, sabiendo que se ha llevado lo mejor de ella.  No va a permitir que nadie más lo meza.

Al rato entra la celadora con un buenos días dulce, sabe que va a ser un momento muy duro para Mercedes y le dice que ya está, que no sufra y que se despida de Lucas. Ella no lo suelta y le gruñe como un animal al ser atacado.  Tiene que venir otra celadora para ayudar. Espantadas por lo que intuyen, las dos trabajadoras le suplican, pero las miradas de Mercedes son dardos y  sus manos zarpas que están pegadas al cuerpo del niño. Ha usado pegamento del fuerte para unirse a él por los siglos de los siglos o eso cree su mente quebrada.

 

Pilar Moreno,  4 de junio de 2018

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ELUCUBRACIONES ROSAS Y COTILLAS

Elucubraciones rosas y cotillas

Cuando entro en una de estas pastiseries del centro de Paris, tengo la sensación de entrar en el comedor de un glamuroso castillo, de esos que igual jamás existió,  pero que las pelis te lo han vendido como la exquisitez del siglo XVIII. En fin, será cuestión de tomar mi te y un empalagoso pastel de  merengue y soñar con ello.

¡Vaya, en la mesa de al lado tengo tema, tema del bueno! ¿Qué hará ese viejales con esa  macizorra? tiene edad como para ser su padre ¿Se hacen ojitos? ¿O es que mi mente novelesca me  hace ver lo que me gustaría que fuera?

No hay duda son miradas tristes, pero  cómplices. ¡Ah! y ese ligero roce de manos, sí, sí….. aquí hay tema, seguro. Susurran en vez de hablar, qué raro se me hace, en mi tierra la gente habla sin pensar que se le puede oír y eso me gusta. Somos cotillas por naturaleza y estos me están fastidiando la afición.

Ahora ella saca papeles, un buen dosier. Papeles del divorcio, seguro. Él los lee con afición, saca boli y empieza a firmar. Está claro, debe ser que le está pidiendo el divorcio ya que los firma él. Lo que faltaba, empieza a llorisquear  por lo bajini. Él la mira, yo diría que con cariño y ojos húmedos. Me sorprende ver a una tiarra así,  tan indefensa como la veo ahora. Le echa reaños e intenta mantener el tipo, se nota.

¡Leches! ¿Ese tiarrón que acaba de entrar se va a sentar con ellos? Me impone ese negrote de dos metros, trajeado y piel brillante. Besa ligeramente los labios de ella y da un apretón sólido a él.

¡Ay dios, la que se va a liar aquí! Pasa el brazo sobre el hombro de la mujer  y ella  se acomoda como buscando protección, aunque no  le cambia la expresión  triste  ni así. Él empieza a hablar en un correctísimo francés, con lo cual no entiendo nada de nada. El viejo asiente a cada momento con un movimiento de cabeza. El negro baja la mirada y posa su mano sobre la de él, se diría que es un gesto de agradecimiento. ¡Claro,  se lo debe estar poniendo muy fácil, cualquiera se enfrenta a esa pedazo mano!

Ella saca un fajo de fotos del bolso y se las pasa. Ya está, deben ser las fotos que le hicieron al viejales con otra. No tiene pinta de don juan, pero sí de tener mucha pasta, eso nunca ha fallado  para ligarse a pibas como esa.

Empieza a llorar desconsolado. No es de extrañar, debe estar muy avergonzado e intimidado con el cacho novio que se ha sentado en la mesa. Ella recoge los papeles. Le entrega las fotos y  al meterlas en el bolsillo de la chaqueta se le caen varias al suelo. Algunas  resbalan lo suficiente cerca de mis pies como para que pueda verlas claramente.

En una foto aparece el negrote, la pibona y un mulatito de unos seis años. En otra, el viejales con una de su edad y el niño abrazándolos con sonrisa de oreja a oreja, creo que deben ser sus abuelos. En otra, el mulatito de unos 10 años arrastrando un gota a gota por el pasillo de un hospital, sólo sonríe. En otra, la pareja joven ya no sonríe, sólo acompañan al muchachito que está con los ojos cerrados en una cama de hospital.

Se me hace un nudo en la garganta. Le entrego las fotos a ella, avergonzado por mi mente sucia. Ella esboza una mueca de agradecimiento y me dice:

–        Merci, merci – mientras estruja las fotos contra su pecho y va repitiendo como un torrente de lágrimas: mon amour, mon amour.

Pago y me marcho a toda prisa, notando a mis espaldas una mano acusadora que me hace sentir como un gusano.

Pilar Moreno, 8 de enero de 2018

DULCES SABORES EN EL CORAZÓN

Necesito irme, dejar esta ciudad por un tiempo. Me repito una y otra vez. Por el amor todo vale, me digo, pero no, mis entrañas contradicen esa afirmación.

Todo en él es música, un concierto de sentidos desconocidos para mi. Cuando roza mi mano se me nubla la mirada, se turba mi palabra. Sólo sé llegar a él a través de  caricias mudas y susurros tenues.

Su pedante y teatral candidez, choca con mi pícara maldad. Siempre intento no ser perversa cuando estoy con él porque hay instantes que me hace creer que puede ser posible vivir con la música en los pies y las utopías en el poder.

No, la vida es la que es, la que te atropella ilusiones y te hace tragar el orgullo para poder sobrevivir. Y a él también lo atrapa, lo sé, pero a veces te hace sentir que puede vivir por encima de la despiadada realidad.

Veo que no es trigo limpio con esa chiquilla, esa tal Susana. ¿Qué va a sentir al ver traicionado su corazón? Le entregó su ingenua candidez, la íntima flor de sus entrañas a quien la sedujo con   emociones y la embaucó en sus ilusiones, como a mí.

Este chico tiene pocos años, 23, pero tiene una destreza depredadora innata. La oigo, la siento y la veo, pero ¡me cuesta tanto alejarme de él ¡ Me hace sentir viva, consigue que se estremezca mi piel y que me duela y la  añore cuando no la siento recorriendo todo por mi ser.

Tengo que irme, salir de sus redes, esas que me desarman la razón y que se  alimentan del contenido de mis venas y de las de sus incondicionales devotas. ¿Cuántas tendrá? Pensaba que era  tierna y dulce la música que salía de su mirada, pero no, ahora me doy cuenta  que es  una música  calculada y tramposa la que usa para atrapar a sus candorosas devotas.

No quiero ser cómplice silencioso de la destrucción de más corazones dulces, ni encubridora de sus feroces armas.

Tampoco quiero sus juegos de alquimia, ni esos chutes que hace que nos rindamos a sus pies.

Adiós, Adonis querido, adiós encantador de serpientes.

 

Pilar Moreno, 25 de noviembre de 2017

NANORELATOS

El sueño

Se lo creyó hasta que despertó.

Fue libre hasta que despertó.

La manzana

La aderezó con seducción y la lio.

Al morderla sucumbió.

El destino

Lo asumió hasta que el azar lo desvió.

69

 

Lamentaban no tener hijos. No podían renunciar al placer que se los vetó.

 

Equilátero

Tal para cual, iguales, calcados, aburridos.

Escaleno

Uno largo, otro corto, otro….a su aire.

El canario y el loro, malos amigos

(Dos animales protagonistas, uno bueno y otro malo)

  • ¡Qué coñazo de loro, redios! Siempre husmeando bajo las faldas de la jefa. Olfato no tiene, el muy tarado, así que no sé qué hace por ahí.

La culpa es de ella que siempre le sonríe, y siempre está encima de él,  repitiéndole  una y otra vez un sonido que  achicharra   el oído.

–Currito guapo, currito guapo~ y él, como loro que es, se lo repite hasta el cansancio, con un sonido crispante y gangoso a la vez.

¿Dónde han quedado aquellos días en los que la familia estimulaba mi melodioso canto? ¿Dónde han quedado los ofrecimientos de lechuga fresquita para que revoloteara armoniosamente por la sala?

Él se lo ha llevado todo. – Maldito aguilucho, gigantón y mal hecho-

Necesito salir de esta dichosa jaula. Quiero saber qué se esconde bajo esa falda. –Me haré el muerto, eso, pondré el pico medio abierto y las patas para arriba.

Me estoy cansando. No se entera ni aunque finja roncar o ahogarme.

Pues nada, me haré el chiflado. ¡Hala a revolotear entre estos barrotes hasta que se me parta alguna de mis delicadas plumas!!

¡¡¡Por fin!!! Puerta abierta. Voz melosa dirigida a mi persona. Eyyyy Yujuuuuu, esto es vida, otra vez la estancia para mí. He conseguido que ella me sonría y mire  con ternura. Soy feliz, de aquí para allá, danzando para ella. Cantando para Ella.

Hasta se deja caer en el sofá, relajada, para seguirme con la mirada y una sonrisa que me enamora.

Currito, el dichoso Currito va a romper la magia posándose en sus piernas. Lo sé, que lo conozco.  Ella las cruza y a él no le gusta. Picotea sus rodillas, pero  de un manotazo lo aparta, sin prestarle mucha atención, cosa que me encanta, pero él  se envalentona y le pica, con mala leche, en el lóbulo de la oreja. Ella se queja, sorprendida. Un hilillo de sangre resbala  por su cuello, colándose por el canalillo del pecho.

-¡¡Esta es mi oportunidad para convertirme en su héroe!! – Escojo los rizos de su pelo, los que caen sobre su pecho, para afianzar mis patas y muy gallito, me esfuerzo en sacar el peor de mis gorgoritos. Se nota que es un grito de guerra. Currito abre desmesuradamente sus ojos, ya saltones de por sí. Está desconcertado. Ella lo aparta con su pie, casi de una patada y entonces me fijo en la alfombra de pipas que rodea el sofá. Con eso lo enseña a  llevar esas ridículas conversaciones. ¡¡ Qué patético!!

-Currito malo, currito malo- le grita ella, sin dejar que se acerque a sus pies, pero lo que no puede evitar es que él muy cabrón me enganche con sus garras y me lleve a una de las ventanas abiertas. En el trayecto va  repitiendo

– Currito malo, Currito malo y ahora mucho más malo-

Pilar Moreno, 20 de noviembre de 2017

Cuantos-anos-vive-un-loro-un-periquito-y-un-canario

Nanorrelatos

El sueño

Se lo creyó hasta que despertó.

Fue libre hasta que despertó.

La manzana

La aderezó con seducción y la lio.

Al morderla sucumbió.

El destino

Lo asumió hasta que el azar lo desvió.

69

Lamentaban no tener hijos. No podían renunciar al placer que se los vetó.

 

Equilátero

Tal para cual, iguales, calcados, aburridos.

Escaleno

Uno largo, otro corto, otro….a su aire.

 

Pilar Moreno, 13 de noviembre de 2017

Dichosa caja!!!!!

Cerrando los ojos buscaba sosiego, el necesario para abrir la caja que tanto le inquietaba, esa que día sí, día no,  aparecía en sus sueños. La tenía semi oculta, bajo una pesada torre de ordenador, en un rincón de la maloliente  buhardilla donde sólo se  podía subir con la luz del sol ya que la bombilla de 40 watios apenas daba luz debido a la capa de polvo que se había acumulado sobre el cristal.  Dos pisos lo separaban de ella, pero era imposible evadirse de su presencia, ni de día ni de noche.

A veces la percibía como una caja de rayos y truenos,  y otros,  como un enorme joyero  de donde salían melodías que invitaban a suspirar como si estuviese poseído por Cupido.

Deseaba que llegara la hora de ir a dormir, aunque hubiese dormitado en el sofá casi todo el día. Era su forma de vivir, de sobrevivir. Aletargado podía huir de sus ansias por subir y  abrir la maldita caja de Pandora que se había apoderado de todo su ser.

Una noche,  iluminada por la tormenta de rayos que caían ininterrumpidamente, se armó de valor y subió, sigilosamente, a gatas por la escalera y abrió la puerta de la buhardilla, reptó hasta situarse muy cerca de la caja, la rodeo con sus brazos y sintió mucho amor, delirante amor.

Rodaron lágrimas oscuras por sus mejillas cuando levantó la tapa. Se introdujo en ella, enroscado como un bebé, no, más bien encajado como un feto en la placenta materna. Oyó caer la tapa y con ella desaparecieron el sonido de los rayos y truenos, la luz de los relámpagos y todos los temores habidos y por haber, que lo empequeñecían hasta hacerle desear desaparecer. Las acneas que provocaba su pecho hacían que sus ronquidos quedaran suspendidos en un silencio absoluto, bueno , absoluto no, lo interrumpía el riqui raca que hacían las odiosas carcomas que estaban devorando las paredes de la caja y las carnes resecas de sus piernas.

Los rayos del sol asomaron a primera hora de la mañana, parecían linternas que le inspeccionaban a través de los párpados que tenía todavía entornados.

Notó un cosquilleo, un picor, un escozor insoportable que subía por sus piernas. Se sentó de un golpe al verse sin caja, sin protección, con las piernas ensangrentadas y las uñas de las manos resquebrajadas, con girones de piel en ellas. Aulló como un lobo, rio como una hiena, lloró como un adolescente y se enroscó como un gusano sobre sus orines, muerto de miedo, liberado del miedo, confuso, sin saber si reír o llorar o si era mejor vivir que morir. Estrujo entre sus brazos el esqueleto que había sobrevivido a las carnívoras carcomas. Habló con ella, le consulto qué hacer, le suplico que la llevara con ella. Por respuesta obtuvo una ráfaga del huracán que hizo saltar el tejado de la buhardilla y lo hizo rodar escaleras abajo.

Allí lo encontraron, descarnado, vestido con la ropa de su difunta mujer, en un charco de fluidos imposibles de descifrar.

 

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Pilar Moreno, 6 de noviembre del 2017

Como cada noche

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Con la caída del sol sus fantasmas empezaban a asomar y cuanto más entraba  la noche con más vitalidad la rodeaban.

Era el momento de salir de casa para no perder la pizca de razón que le quedaba.

La rutina le hacía sentarse en la  mesa del rincón, la mesa de mármol que siempre  estaba fría y vacía.   Ya era un ritual saludarla pasando  su mano, con lentitud,  sobre ella, para darle algo de calor y alejar un poco su helor interior.

El camarero, como un autómata, le servía un café largo, sin leche, sin azúcar, sin cruzar palabra. Él también era un alma en pena, le delataba su tez cetrina, paso arrastrado y  voz apagada.

Ella, sujetando la taza, fijaba su mirada en el interior, como si desease  disolverse en ella o tal vez, mejor aún, igual veía un pozo donde ahogar a sus malditos amigos nocturnos. Como siempre, resbalan por sus mejillas gotas de amargura, llenas de melancolía y remordimiento que cambiaban el sabor de su café. Ella también iba cambiando a la su vez. Se iba haciendo más pequeña, más sombría, más transparente, intentado esquivar a sus amigos, pero no la abandonaban ni así, al contrario, se iban apoderando de ella,  incitándola a entrar en sus odiados recuerdos, a buscar el precipicio para conseguir el sosiego. Gotas de sudor malsano afloraban por todo su cuerpo. Esas sí que la asfixiaban  y la hacían sentir todavía más desdichada.

Dos horas más tarde el café seguía ahí, en la taza, lleno de sus turbaciones, ella también seguía ahí, sin saber que era mejor si estar viva o muerta. Como cada noche.

Cerraron  el local, las 2 de la mañana. La calle estaba vacía y oscura. Ella seguía vacía y oscura. Como cada noche.

 

Pilar Moreno, 29 de octubre de 2017

 

Soledad

“¿Para qué iré? Sí, me siento muy sola, por eso voy. Necesito deshacer este nudo que me oprime el pecho. Aunque el aire apestoso de este bus no me lo pone fácil.”  Se pregunta María mientras el nerviosismo le hace rozarse las manos insistentemente.

Se siente observada por un adolescente que parece poseído por la música que sale de su móvil. Él, sentado frente a ella, escrudiña los gestos de angustia que ve en su semblante.

Le sonríe. Ella se incomoda, no sabe como reaccionar y esquiva su mirada.

“¿Qué le pasa a este mocoso?” Reflexiona, notándose enrojecidas las mejillas.

Vuelve a mirarlo y ve como sus ojos siguen clavados en ella y ve que busca  los suyos. Le vuelve a sonreír y María se estremece. Nota que más sonrisas como esas pueden deshacerle el nudo y le devuelve la sonrisa tímidamente.

Él, osadamente, roza su pierna contra la de ellaº. Se produce una descarga eléctrica que les recorre el cuerpo a los dos. Les cambia el semblante, el brillo de los ojos.

-¿Dónde vas? Le pregunta

-A un centro donde saben hacer que controle mis demonios – le contesta María.

-Vas al mismo que yo. ¿Quieres que bajemos antes y encontremos el cielo?

María deja de sentir el nudo en el momento en que va subiendo los escalones del portal de aquel destartalado hostal.

 

Pilar Moreno, 17 de octubre de 2017

 

1.- Soy yo, omnisciente, lo sé todo. Narrador es el que conduce y cuenta la historia.

2.- Dos personajes: María la principal, él secundario.

3.- Ella es la protagonista de la acción.

4.- El lenguaje pretendo que sea actual y fresco.

5.- Creo que desde el principio hay un interés en saber que pasará con la protagonista y cual es la causa de su angustia.

UNA BODA LIBERADORA

UNA BODA LIBERADORA

Reían , reían como locos o como niños, espontáneos y traviesos.

Se alejaban corriendo por el camino de tierra y piedras. Se fueron desprendiendo de todo lo que les sonaba a teatro y mentira: la diadema de bisutería, el velo, la corbata,  el chaqué, … los zapatos de tacón se quedaron atrás, también el ramo, los pendientes…. Todo, todo les ardía en la piel.  Nada de aquello les sabía a amor.

Subieron al coche borrachos de alegría. Orgullosos de romper los planes que sus padres habían escrito para ellos. También con  “el qué dirán”, “con estode  “es por el bien de todos”.  Una propuesta de vida ordenada y llena de paripés.

Dinero, dinero, bienestar, poder, dinero, seguridad, ambición, dinero,….. retumbaban en sus cabezas esas palabras que tanto les habían repetido las dos familias. Les decían, mucho que perder o mucho que ganar.

Familias enfrentadas que podían aliarse por la unión de esos jóvenes. Muchos negocios ilícitos que se amparaban  bajo su empleo de embajadores de dos países, en una Colombia que podía triplicar sus fortunas.

Los jóvenes fueron muy cobardes hasta el momento que se miraron en el altar. Creyeron que fue ese Dios el que les dio fuerza para decir NO, pero tal vez el sentido común fue el que los hizo reaccionar: Él estaba enamorado del jardinero de la embajada, ella mantenía  una relación muy intensa con  el hermano de su padre, su tío, desde hacía años. Sí, era tan mafioso como su padre, pero éste la quería con todo su corazón.

En un futuro no muy lejano, sabían que podían crear esas dos parejas en lugares donde no se avergonzasen de  mostrar su amor en plena libertad.

Pilar Moreno, 15 de ,mayo del 2017

 

EL CASO DE LA RUBIA PLATINO

EL CASO DE LA RUBIA PLATINO  (Canción de Sabina transformada a relato)

Resacoso y malhumorado recibió un encargo que podía llenar su bolsillo y proporcionarle noches locas en el casino. Hasta, tal vez , volver a darle un nombre  entre los mandamases del casino.

Debía matar a la fulana rubia del menda que dirigía la ruleta mientras ella cantaba y calentaba a los pavos que al final de la noche debían acabar con la cartera vacía.

Aquella  noche se afeitó con esmero, enfundó la pistola, cogió la licencia de detective y se roció de colonia barata, Compuso el nudo de la corbata intentando adornar el cuello de su camisa arrugada, Se enfundó la deslucida chaqueta oscura. Se miró al espejo, he intento sonreír, a lo Bogart, consiguiendo, sólo, una mueca patética y una mirada con vapores de alcohol.

Ella sobre el escenario, él divagando en el cómo y cuándo se iba a deshacer de ella. La mujer se contoneaba dirigiéndosele muy sensual, muy tristemente frívola. Al acabar la actuación, se sentó a su mesa y le pidió que la invitara a champan, susurrándoselo al oído. Él se derretía, sudaba, la miraba y se enternecía. Pobre puta, pensaba para sus adentros a la vez que notó un pinchazo en su entrepierna que le hizo  vibrar, despertando un impulso animal que desde hacía mucho no sentía.

Les urgía llegar a algún sitio discreto.  Se adentraron en el parking oscuro y frío mientras se comían a besos. Al llegar al coche se dejaron llevar  por una furia más propia de la desesperación que del deseo. Exhaustos se miraron y volvieron  a comerse la boca, esta vez esos besos sabían a mar. A un mar de lágrimas negras mezcladas con la grasa de unos labios pintarrajeados de  rojo pasión.. Pasión y desesperación desprendía el sudor pegajoso que en ese momento los unía.

Él recolocó su asiento  y puso su coche en marcha deseando desaparecer con ella, junto a ella. Se veían dos individuos devastados por la vida y creyendo que se les presentaba otra oportunidad.

Sabía donde ir. Su viejo siempre le servía de tabla de salvación.

Se la presentó como su novia. Nadie lo creyó,  pero todos hicieron  como que sí.

Ocuparon su desvencijada habitación donde siempre pudo  esconderse y dormir.

Un rayo de sol de la mañana iluminó el rostro de su rubia. La miraba mientras se peleaba con sus sentimientos, con sus pensamientos, con sus instintos. Con el pelagatos que llevaba dentro.

-Vamos a bañarnos al rio – le dijo.

Se vistieron, desayunaron cogidos de la mano, no dejaron de mirarse, descubriendo como podían cambiar las cosas con la luz de la mañana.

Se enfundó la chaqueta, también la pistola. Ella se pintó los labios de rojo pasión, se puso rímel y recompuso su minúsculo vestido. Durante el trayecto le fueron cayendo lágrimas negras sobre  la falda, Temblaban sus delgaduchas piernas. Él posó la mano sobre su muslo, lo acarició.  Pero ella lo sabía, claro que lo sabía. Iba a cumplir el encargo  de su maldito crupier.

Fue rápido. Le disparó en la sien, nada más bajar.  La echó al pozo muerto de la casucha que había junto al rio, donde estaban otros que habían corrido su misma suerte. No se sentirá tan sola, pensó mientras enjugaba sus ojos de alcohólico.

En el camino, de vuelta a la ciudad, con su Jack Daniel´s en la mano, se iba convenciendo de que sólo necesita otro trabajito más  para volver a ser alguien en el ambiente, para  tener un  lugar VIP en el casino.

Tan sólo había tenido que liquidar a la rubia platino.

Pilar Moreno, 15 de mayo de 2017

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Monólogos interiores mayo

Una persona va cap a casa seva, després de que l’hagin acomiadat de la feina. A les hores comença el monòleg interior. Un cop llegit el monòleg hem de veure molt clar que aquesta persona és apocada i poruga.

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¿Y ahora qué? Qué poco tenía para recoger, parecía mucho y al final todo ha cogido en una bolsa del Pryca. Cómo se me han podido acumular tantas sobras en las bolsas de galletas. Estaban florecidas y todo, qué asco. Aunque no habían bichos, menos mal ¿Y ahora qué voy a hacer? Con lo que me gustaba mi trabajo. Ya, ya sé que era monótono, pero a mi me gustan las cosas así. Es la manera de no equivocarme nunca. Ahora ya tecleaba rápido sobre la calculadora, con lo que me costó coger esa velocidad. Eso no lo han tenido en cuenta, creo yo. Claro, los cambios están a la orden del día, sino aprendí a llevar un ordenador, no tenía sentido tenerme en mi mesa, eso me han dicho. Aunque hace un mes me propusieron ir al Centro de Cálculo para reciclarme y aprender a llevar el programa informático aplicado a la cuenta de clientes. Vaya sufrimiento pasé, ni dormía y eso que lo intenté,  ya no estoy para cambiar la forma de llevar las cuentas. Mejor así, seguro que hoy podré dormir de un tirón, pero y ¿mañana qué voy a hacer? Menos mal que viene el buen tiempo. Está plaza es bonita y tranquila. Puedo tomar el sol por las mañanas aquí. ¿Y por las tardes? No sé ni que dan por la tele, tendré que aprenderme la programación. ¿Darán aquel programa de la Teresa Campos? Qué mujer más inteligente y guapa. Esa sí que improvisa, sabe hablar de todo y reírse, ay cómo me gusta su voz y su sonrisa. Luego lo consultaré en el periódico del bar de Pepe. ¿Qué le puedo decir a Pepe cuando me vea por el barrio a horas que tendría que estar trabajando? Bueno, le diré que  me han jubilado anticipado. ¿Con 55 se puede hacer eso? Da igual, seguro que él tampoco lo sabe, no parece que tenga muchas luces y con lo mayor que es!! Él sí que tendría que jubilarse ¿ para qué querrá ese cuchitril que no le debe dar ni para pagar el alquiler? Bueno, tal vez esté como yo, sin saber que hacer cuando se levanta por  la mañana , ni  qué hacer por la tarde, ni la semana que viene.

Tal vez venga cada día a ver la tele al bar de Pepe. Tal vez nos ayudaremos mutuamente  a llenar la vida.

Fin

 

Una persona en arribar a casa es troba una nota de la seva parella, que se n‘ha anat. A les hores comença el monòleg interior.Un cop llegit el monòleg hem de veure molt clar que la persona abandonada és egoista i té molt poca psicologia.

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¡Dónde se ha metido esta tía!

¡Carla, Carla! ¿qué leches estás haciendo? Contesta ya que me estoy calentando.

¿Y ese papel ahí encima? Es la letra de ella. ¿A qué estará jugando? cuando la pille la pongo al día. Sabe que no me gustan las intrigas. A qué es una excusa para no comer en casa…. Seguro que anda con uno de esos que se tira a mis espaldas.

 

“José… intenta comprender. No puedo más, ya no te quiero y tú no me quieres, piénsalo bien y te darás cuenta que esa posesión sobre mi persona no es amor, es obsesión, es una enfermedad y a mi me hace mucho daño, si sigo aquí acabaré con mi vida cualquier día y me merezco otra oportunidad. Olvídame por el bien de los dos.   Fdo: Carla”

 

¡¡¡ME caguen la puta, esa zorra que se ha pensado!!! Ahora sí, ahora no, y una leche, cuando aparezca le voy hacer tragar toda esa palabrería. Amor, amor, no tiene ni idea de que es eso. Cualquier furcia me hace disfrutar más que ella. Me pide hijos, esa inútil quiere hijos, ¿para qué? Si no es capaz de llevar la casa sin quejarse, ni tan siquiera hacer el amor sin que yo se lo exija. Sólo faltaba eso, hijos para hacerme  currar más, dinero, eso es lo que quiere, más dinero y encima tendría que aguantarla preñada y horrible. Seguro que se quedaba gorda y fofa.  Se va a enterar cuando vuelva. Y no me ha dejado  la comida hecha. Ni el teléfono para poder pedir una pizza. La nevera está casi vacía. Mierda de tía, ¿quiere matarme de hambre?

Bien pensado, tal vez podríamos tener un hijo. Seguro que si le doy un hijo, no me montará estás películas de mojigata. Cuando vuelva se lo digo, a fin de cuentas cocina bien, está muy buena y he conseguido que se calle cuando yo quiero.

Sí, creo que vendrá bien un crio para que esté ocupada cuando yo no esté y sobre todo que la ate más a mí  y a la casa.

FIN

 

Una persona abandona a la seva parella, deixa una nota d’acomiadament. A les hores comença el monòleg interior.

 

Un cop llegit el monòleg hem de veure molt clar que aquesta persona s’ha sentit sola i incompresa.

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No quiero nada, nada que me recuerde a esta jaula ….  Esta maleta me vale, Qué pequeña es, bueno, para los zapatos cogeré la bolsa de Ikea. Estoy que me cago… seguro que me busca nada más leer la carta. No, no me pegará, lo sé,  aunque el pollo que me montará será apoteósico. No, no puedo echarme atrás, ya basta de decir sí woana , ya no puedo seguir oyendo esa voz de ogro, está en mis sueños, en cada cosa que hago o pienso, me estoy volviendo loca. ¿dónde ha quedado aquel hombre elegante y educado que supo enamorarme? Ya era egoísta entonces, pero ahora!!!! Dios, tengo que darme prisa. Da igual si me olvido algo. Todo lo que hay aquí me recuerda a días fríos y vacíos. Nada, no quiero nada, ni tan siquiera quiero llevarme las palabras que nunca supo escuchar. ¡Qué angustia! . Quiero dejar aquí todos los recuerdos de mi soledad. Este ahogo se me pasará, lo sé. Respira hondo … respira hondo!!!

Mi bolso ¿Dónde he dejado mi bolso? Joooo, ¿dónde está mi bolso? Aparece por dios, aparece que me tengo que ir ya….. No, no puedo dejarlo, debo buscarlo,  lo necesito. Está la documentación, los ahorros que he ido sisando. ¡Menos mal que se me ocurrió ya hace años! ¿Cuánto debo tener? Dos mil euros más o menos, con eso tiro 3 o cuatro meses. ¡ Ayyy que me lo he dejado antes  en el baño!

Voy a practicar uno de esos portazos que da él cuando se va cabreado . ¡Ya está! Sí, sí, que a gusto me he quedado. Ese portazo da alas. Aunque sigo cagada de miedo. Demasiado tiempo sin volar, sin hablar, sin ser yo. ¿Sabré retomar mi vida? ¿Sabré estar sola? Estoy chiflada!!!! En ningún sitio me sentiré más sola que en esa casa. Haz callar esos pensamientos, respira hondo. El sol, la brisa, respira hondo. Quiero correr, correr mucho, alejarme de esa voz que me quita el sueño, que me quita anhelos, el sentido de mi vida.

Ya, ya, afloja, ya estás en tu camino, qué bien este sol. Parezco una loca. ¿por qué sonrío? ¿Será porque ya no me siento  sola?

FIN

 

Pieles

Lola lo acunaba en sus brazos como si de un bebé se tratara. Ponía su mano sobre la suave piel del pecho, tan calentita y tierna. Sentía el palpitar de su pequeño corazón algo acelerado, “¿tendrá sueños dolorosos?” se preguntaba esbozando una cariñosa sonrisa.  Volvía a acariciarlo suavemente,  recolocaba  una y otra vez sus algodonosos pelillos y lo mecía bien apretado contra su pecho. Conseguía dormirse plácidamente con él acurrucado en su regazo.

Aunque la mayoría de las veces, Lola, se despertaba con la almohada humedecida y los ojos irritados por el llanto en sus pesadillas.

Entonces volvía a recolocar al cachorro entre sus senos e intentaba amortiguar el dolor de su pecho. Recordaba aquella boquita menuda succionado con ahínco su pezón, la manita agarrándose a su flácido pecho y el berrinche desesperado de hambre e impotencia. No podía borrar de su mente la imagen de aquella carita encendida, ni la de  las venitas marcadas en su sien, ni la extremada delgadez de su pequeño. Entre sollozos volvía a apretar a su mascota, intentando borrar el momento en el que lo oyó dejar de llorar, de cuando se fue el color de sus mejillas  y de cuando dejo de sentir el calor de aquel diminuto cuerpecito. Ni quince días vivió, nació, pero con muy poca vida. Pidió que lo dejaran morir en sus brazos, que le dejaran acariciarlo para despedirse de él.

Mecía al cachorro intentando calmarse, pero el mundo ya no era mundo sin su niño y ella no era nadie sino podía ser madre. Dejó el cachorro entre las sábanas y se dirigió a la ventana y volvió a ver los barrotes que le impedían saltar, así que con el  alma llena de dolor , se recolocó otra vez junto al perrito y compartió su cama con la esperanza de volver a sentir un poco de paz con el calor de su piel.

 

Pilar Moreno, abril 2017

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Si no quieres peces, no vayas al río

Joan se había convertido en un escritor de éxito de la noche a la mañana. Triunfaba  entre los jóvenes. Los editores estaban pletóricos y sus fans inundaban su Twitter pidiendo consejos o alabando su comprensión ante problemáticas tan íntimas como podían ser la anorexia, el suicidio, el desamor o la homosexualidad.

Le venía grande ese repentino éxito. Era tímido, feote y muy mayor, 55 años. En la contraportada del libro puso una foto de cuando era joven, cosa que le recomendaron sus editores  ya que así resultaba  más cercano a ese público adolescente.

Joan guardaba un secreto que le quitaba el sueño y, a veces, hasta el aliento,  cada vez que tenía que escribir más páginas para la creación de su próxima novela: plagiaba las ideas y hasta párrafos enteros.

Su fuente de inspiración la consiguió de un blog que encontró por casualidad en internet. Lo llevaba una muchacha que,  ante una anorexia incipiente, había decidido contar su sin vivir y la de amigos tan desesperados como ella, jóvenes que flirteaban con el suicidio constantemente. Enfrentarse a las reflexiones de esta chiquilla le causaba vértigo, nauseas, ahogo. Era tan profunda la pena que sentía que se odiaba por ser tan miserable y embustero con ella y consigo mismo.

Para resolver incógnitas que se le presentaban a la hora de escribir, había creado un personaje de joven atormentado por su impotencia y desamor. Se había hecho ciber amigo de ella. El intercambio de emails era diario. Ella sacaba de él su lado más tierno, y él intuía estar consiguiendo que ella encontrase ilusión por el día a día.

Pasaron los meses y Joan se atormentaba por haber alimentado aquella mentira hasta ese punto. La quería con todas sus fuerzas y se sentía correspondido por una amistad  profunda, sincera y reparadora.  Se había convertido en uno de esos amigos que flirteaba con la muerte por no ver otra salida a su mezquindad. Contar la verdad hubiese sido abrir la puerta del precipicio a  la criatura más maravillosa que existía sobre la tierra.

Sin embargo oír el clic que anunciaba la entrada de un nuevo correo lo mantenía vivo. Ansiaba cada entrada de blog que ella hacía. Él le respondía automáticamente, cosa que muchas veces también hacía ella,  con lo cual había días que lo llenaban enviándose interminables mails. Se explicaban  sueños truncados,  anhelos inalcanzables. La conciencia  social, la inconformidad ante el sistema político, el misterio de las fuerzas del universo,  eran temas recurrentes de ella, que los desgranaba con tal lucidez que lo dejaban pensando horas y horas. Luego, él, le respondía con  reflexiones y sentimientos que nadie, nunca antes, nadie le había provocado.

Únicamente se sentía bien cuando la tenía  al otro lado de la red. Ella conseguía que dejara de sentir el nudo en el estómago y  el vértigo que lo anulaba cuando pensaba en su engaño.

Ahora ya no fingía sus angustias, eran muy reales. Ahora era uno más de esos amigos que ella intentaba mantener en el filo evitando que saltasen al vacío.

 

Pilar Moreno, abril 2017             ( Admiración – Angustía )

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LA CORTEZA DEL PINO

(Crear atmósfera en el relato)

Nubarrones oscuros se habían colocado, repentinamente,  sobre las copas de los árboles. Cundió el pánico entre el grupo de senderistas. Llevaban ya dos horas caminando y les faltaban otras dos para llegar al valle. El parte meteorológico no había acertado, les había augurado un día espléndido hasta bien entrada la tarde y ahora se encontraban con una amenaza de lluvia inminente.

Empezó la lluvia de repente, furiosa y , la hojarasca que antes crujía bajo sus pies, ahora se había convertido en un peligro al mezclarse con la tierra empapada por el agua. Bajaban campo a través, sorteando  rocas y troncos caídos. Intentaban ir lo más rápido posible, pero los resbalones demoraban la marcha. Muchas veces eran los robustos árboles los que frenaban esas caídas libres. Era un bosque de castaños y pinos gigantescos. El musgo rancio rellenaba todos los recovecos de la corteza, se asemejaba a   pelo de ardillas atrapadas entre su tronco.  El musgo joven y fresco recubría las raíces, alfombraba el empinado camino.

La majestuosidad de aquel bosque había dejado de ser apreciada por los agobiados senderistas que ya estaban calados hasta los huesos y temiendo que la niebla bajara a ras de suelo. Los había envuelto, apenas veían dos metros al frente. Se sentían engullidos por una masa húmeda y pegajosa.

Empezó el pánico cuando empezaron a darse cuenta que alguno de los compañeros ya no estaba cerca de ellos. Gritaban el nombre de los desaparecidos, pero ni el eco les contestaba. Sólo quedaban cuatro de los ocho que alegremente habían comenzado la marcha por la mañana.

Uno de ellos, Raúl propuso  buscar cobijo para pasar la noche. Se apretaron unos contra otros bajo la copa espesa de un gigante pino.  El frío era terrible. El suelo, un barrizal que les engullía los pies hasta los tobillos. La niebla asfixiante, cada vez más densa. Se acurrucaron sin mediar palabra, bien apretados para darse algo de calor y amortiguar un poco el miedo que los hacía temblar.

Llovió prácticamente toda la noche. La oscuridad total y el graznido de pajarracos los tuvo aterrorizados y paralizados hasta que al amanecer cesó la lluvia.

Era  el momento de ponerse en marcha, sin demora. Intentaron levantarse y andar, pero no, no podían. Las raíces del árbol los habían atrapado, el musgo les había subido  por las  piernas y vieron a uno de los compañeros formando parte de aquel monstruoso árbol . Distinguieron la cabellera de Raúl  asomando por las estrías de la corteza del pino.

 

Pilar Moreno, 2-4-2017

 

LA MÁGIA DE LAS LETRAS

 

El vaivén de las letras

me trae y me lleva.

Trasiega pensamientos

que inspiran y sosiegan.

A veces oscuros susurros

que inquietan y atormentan.

Transcriben sueños,

anhelos revueltos,

fantasías y deseos.

Son fieles a  mis adentros.

 

Respiran como mi aliento,

sienten como yo siento,

ríen o lloran con lo que sueño.

Disfrazan mi desaliento.

Las letras me muestran

y me atrapan sin quererlo

Destruyen mi coraza

iluminan mi alma,

y la candidez de mis armas.

Desnuda me siento

cuando con ellas enredo,

libre como el viento,

viva y ligera por dentro.

Bendita arma la de las letras

que palian dolores y tormentos,

serenan la piel

y sosiegan por dentro.

Ying – Yang (Seudónimo para certamen de Conex)

 

Abril 2017

Ella

Veía como mis pies se encaminaban hacía el edificio acristalado. Sí, los veía, pero no los sentía. Mi cerebro  los dirigía ajeno a lo que mi corazón dictaba.

Entré en la sala y el golpe de calor me agobió, no era lo que esperaba. La iluminación me hizo parpadear, necesitaba habituar mis ojos a aquella luz azulada que despedían los leds y que en ese momento me parecieron un signo de lejanía, del más allá.

Pasé a la sala contigua. Era pequeña, oscura. Un gran ventanal de cristal la separaba de la cámara.

Allí está. No la reconozco. Un rictus amargo, no es ella. Una tez de cera, no es ella. Inmóvil. No, no es ella. La añoro. Ya  sólo me queda  imaginarla, recordarla, sentirla. Encuentro a faltar su sonrisa, su carcajada escandalosa, su tez sonrosada, que me hablen sus manos,  siempre en movimiento. Me miro las manos, son las mismas manos que acarician el cristal y las comparo con las de ella. Las suyas ahora son finas y huesudas, blancas, muy blancas, casi transparentes. No, no son sus manos.  El pelo tan repeinado y engomado, nada que ver con su pelo al aire, siempre algo despeinado de un color plata precioso y que ahora las puntas amarillentas reflejan  sufrimiento.

¿Dónde estás mamá? Se te ha afilado esa nariz tan chiquitita y que tanta gracia te añadía. Esos ojos hundidos, sin apenas pestañas, cerrados… no dan a entender que estás durmiendo,   que va. ¡Ojala fuese eso! Me encantaría que despertarás y me dirigieras una de aquellas sonrisas, llenas de  sol, de alegría, de energía.

Pues sí, no hace falta que te busque más, te noto, te siento  en mi corazón, en cada poro de mi piel, en mi fuerza, en mis manos que tanto me  recuerdan a ti, que forman parte de ti.

Ya puedo pasar y despedirme porque tengo claro dónde estás.

Dentro de mí. Ahí estás.

Pilar Moreno, 30-3-2017

¿Amor, amistad?

 

Enric, Luisa y Marta eran amigos desde el instituto. Se habían decidido por la misma carrera, derecho, aunque las aspiraciones profesionales tenían matices abismalmente distintos.

Llevaban las hormonas revolucionadas y les entraron las prisas por mostrar sentimientos que de alguna manera habían estado disimulando,  abanderándolos con la palabra amistad, por lo menos dos de ellos.

Marta y Eric eran los que pugnaban por la soñadora y romántica  Luisa.  Marta lo citó en el bar de la uni para ver si podía cortarle las expectativas.

-¿qué tal Enric, como andas de amores?¿ loquito por Luisa? – Le preguntó, tanteando cuanto de enamorado estaba.

– ¿Tanto se me nota? -Sonrió-  Yo creo que ella ni se ha enterado y no será porque no tenga atenciones delicadas con ella. Claro… tú sí te lo has calado, eh, como siempre un pasito por delante. Listilla, que eres una listilla. – Le contesto Enric de forma pícarona y continuó:  ¿Me ayudarás? Luisa es un poco bobita y me da miedo que se asusté si le pido que se convierta en mi novia formal, podía decírselo estando los tres, seguro que te busca para que lo apruebes, ais,¡éstas mujeres siempre buscándose complices! Veo que nuestro destino es estar juntos ¿tú no?

-¿Destino? ja ¿Bobita? bonita manera de etiquetar a la muchacha más encantadora que se ha cruzado en nuestras vidas. No Enric, no te voy a ayudar, es más, voy a intentar ser yo la que la acabe conquistando.

Enric se atragantó, palideció.

  • ¿Pero qué dices? Marta ¿sabes que estás diciendo? No juegues conmigo. ¿has sido bollera toda tu vida? ¡Ay pobre Luisa cuando se entere! Marta por favor, dime que no te he entendido bien.
  • Sí me has entendido Enric, ya lo creo, aunque sé que es algo que te va a costar entrar en tu diminuto cerebro de burgués conservador.
  • Ya sale la guerrera, bueno, la amazona, serás la amazona que quiere llevarse a la princesa con malas artes. Eres una bruja ¿lo sabes? ¿Por qué quieres que nos enfrentemos? Eres celosa, envidiosa, y cuantas cosas más que no nos has mostrado. Luisa te va a odiar, se arrepentirá hasta de los besos más castos que te ha dado. ¿Cómo puedes pensar que tienes alguna oportunidad?
  • Ella me valora, yo la valoro, no sólo es esa muchacha de rizos dorados y mística sonrisa. Tiene un potencial humano que bien dirigido hará de ella una mujer felizmente realizada. ¿Contigo que conseguirá? Ser la anfitriona servicial en tus tediosas reuniones, ser la dulce madre de tus hijos, ser siempre la sombra de un hombre gris que la hará vivir una vida ordenada y aburrida.
  • Y contigo que será , ¿crees que se atreverá a vivir fuera del armario? Tus amigos melenudos se la rifaran, una muñeca como esa no puede ser lesbiana, se dirán. ¿La convertirás en la cooperante de una mediocre ONG? Claro, tú también irás en esa aventura, defensora de los desvalidos negritos . Ja, ja y ja. Todo eso no es nada comparado a la estabilidad que yo puedo ofrecerle. Sí tanto la quieres, no te metas. Déjala volar conmigo.
  • Dirás que la deje enjaularse en tu mundo, rígido y sin escrúpulos. No, ella merece la oportunidad de alzar en vuelo libre y tener alguien al lado que la sepa cuidar cuando aterrice. Y ese alguien nunca puedes ser tú.

Enric al  verse amenazado y sin argumentos por aquella arpía, sacó de su cartera 20 € y los tiró sobre la mesa. Se encaró a dos centímetros de su cara y le gritó: “Tampoco lo vas a ser tú” y salió del bar a punto de darle una taquicardia.

En ese momento entraba Luisa en el bar y al ver el aspecto de Eric se asustó y retrocedió un paso para dejarle pasar. No la saludó, sólo la atravesó con la mirada a la vez que voceaba.  “¿Qué asco me dáis? ya la veía como novia de Marta y sintió nauseas.

Luisa estalló en un llanto casi histérico, Marta corrió hacía ella para arroparla en sus brazos. Entre llantera y llantera se podía descifrar alguna frase.

-Pero ¿cómo se ha enterado?  ¡Tan sólo hace unos minutos que he hecho el amor con Carlos! ¿Tanto se me nota? ¿Marta tanto se me nota que he dejado de ser virgen? ¡Amo a Carlos con toda mi alma, soy tan feliz!  Repetía una y otra vez. Marta seguía acunándola, como siempre, pero con el corazón partido.

Carlos, el profesor de derecho penal, fue el escogido por la idealista Luisa. Marta vivió el vuelo de Luisa desde la retaguardia, eso sí, estando siempre cerca por si tenía que amortiguar algún aterrizaje forzoso. Amigas for ever.

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TODO CORAZÓN

Me llamo Guillén y tengo 14 años. Me gustan pocas cosas. Lo que más: enumerar las piezas que me rodean. Antes de sentarme tengo que contar como mínimo diez cosas, sino no me gusta el sitio. Voy a un colegio de chicos todavía más raros que yo. Alguno ni se quita el abrigo para comer.

Nerea es mi profesora, mi amiga y mi novia, aunque esto último  ella no lo sabe. No me regaña nunca, ni cuando le cuento las piezas de ropa que lleva ese día, aunque me ha hecho entender que no es bonito que también incluya la ropa interior, porque no la puedo tocar, ni me la puede enseñar.

Paso la mayor parte del día en clase. Rodeado de unas mesas enormes donde montamos  puzles de miles de piezas. A mi me encantan, me los acabo en pocas horas, soy el más rápido, también hay enormes pizarras donde hago números y más números, ella me dice que soy muy listo, que llegaré a ser un Einstein. Me sonríe y hace el amago de acariciarme, pero sin tocarme. Sabe que no puede hacerlo porque me pongo a gritar. Los besos me los tiene que lanzar al aire y yo lloro por dentro porque me encantaría que me los diera en la mejilla o mejor aún en los labios, como en las películas de amor.

Quiero tocarla y que me toque, quiero que me bese y besarla, pero eso sólo puedo soñarlo. Muchas noches lo hago. Vuelo cogido de su mano y bailamos y saltamos… y nos bañamos y nos amamos. Nos amamos como lo hacen en esas películas  en blanco y negro, a media luz, pero apasionadamente. Siempre acabo manchando la cama y me da mucho asco, pero he conseguido no gritar porque la verdad es que ese momento es  un minuto lleno de felicidad. Una felicidad que sólo ella puede provocarme.

Hoy he decidido vencer uno de mis miedos, ese es el nombre que le da mamá a las situaciones en las que es muy frecuente que chille y que acabe arrancándome el pelo. Tiemblo sólo al pensarlo, pero  lo he colocado en el puesto número uno de las diez cosas que me he impuesto hacer hoy.

Nada más levantarme he empezado por el número 10 de la lista: Lavarme los dientes y ponerme gomina en el pelo. Número 9: camisa blanca y zapatos de papá, los de las bodas. Número 8: un puro y una petaca de whisqui, aunque le pondré agua no sea que no me guste o me emborrache. Número 7: coger las flores del jarrón del comedor…. Bufff que cansado estoy ya. Mamá me mira raro, creo que piensa que hoy habrá teatro y que yo voy de galán. Está acostumbrada a no saber que me llevo entre manos.

Nerea hoy está más guapa de lo normal. Se ha puesto una goma con flores que recoge su larga melena en la espalda. Con un gesto muy expresivo me dice que estoy guapísimo, que parezco Gary Gran. Sabe que veo muchas películas de los años 50.

Le entrego el ramo y da un paso atrás, por su cara, cree que voy a chillar si me roza, pero insisto, es más, con la otra mano comienzo a acariciar los rizos de su pelo. Ella se deja hacer con una sonrisa tentadora para mí. Empiezo a enumerar sus prendas y esta vez  desabrocho los botones de su bata, de su blusa y veo el surco que marcan sus pechos, me quedo clavado en eso. Ella cambia su semblante, creo que por uno de miedo. Se abrocha precipitadamente y corre hacía dentro.

No sé porque no me pongo triste, tal vez porque sé que no hay bastante con un intento. En las pelis suelo contar hasta cuatro intentonas por parte del “prota” hasta que consigue darle el primer beso.

Ella evita mirarme, está incómoda, lo noto. Hoy he decidido montar el puzzle mucho más rápido que otras veces, quiero deslumbrarla, que sepa que me crezco ante las negativas. Por fin la tengo para mí. Es la hora de la charla o expresión oral como dice ella. Solemos ir a la salita de al lado y nos sentamos frente a frente. Nunca la miro a los ojos, me dan miedo los ojos de las personas, parece que me absorben las ideas, pero hoy necesito mirarla y contarle con mis ojos lo que siento.

Hoy es ella la que los evita. Me pongo de pie, frente a ella y le sujeto la cara. Tiemblo, pero sigo. Le acaricio la mejilla, el cuello, tan lento como mi piel necesita sentirla. Ella abre sus ojos y le veo caer una lágrima. Beso sobre ella y noto un sabor salado, como si fuese agua de mar. Dejo de temblar y ella sonríe. Una de sus manos acaricia mi pelo y eso me hace cerrar los ojos, es lo más suave y cálido que nunca he sentido. Se levanta y me abraza. La abrazo igual que abrazo el tronco de los árboles cuando están calientes por el sol, pero ahora  es más placentero todavía. Me mece como si bailáramos. Yo no sé hacerlo, me dejo llevar. Beso su cuello y vuelvo a temblar. Ella también. No sé cuánto tiempo hemos estado así, me he olvidado de contar. Suena la música que indica que debemos recoger y salir para nuestras casas.

Nos soltamos, pero me sujeta las manos llevándoselas a su corazón. Era todo lo que deseaba saber,  que me llevaba en él. Yo hago lo mismo. Ahora ya sé que es la mujer de mis sueños y de mi corazón y que soy correspondido. Volvemos a sonreírnos, esta vez muy felices.

Esa sala de expresión oral se ha convertido en nuestro hogar a pesar de no tener uno como el de papá y mamá. Es mi diosa, nunca discutimos, ni nos ensuciamos con roces indebidos, sólo nos balanceamos juntando nuestros corazones, sabiendo que esos latidos acelerados son la expresión  profunda de lo que sentimos.

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Pilar Moreno, 13 de marzo de 2017

(DEBERES 5)

Eres mía ¿ no?

(En la piel de un maltratador)

  • ¿Diga?…… ¿Quién es?……. ¿Diga?
  • Soy yo. Veo que esperabas la llamada de otro? Has puesto voz de gata maula. ¿A quién querías oír? – Le pregunto sintiendo ese gusanillo que se me despierta cuando habla como si fuese una modosa gatita. ¡La muy zorrona!
  • ¿Qué, qué? Pero como puedes decir eso! Me he puesto nerviosa, casi no me salía la voz, cuando oía una respiración al otro lado de la línea y no me contestaba nadie.
  • Y una mierda. Te iría mejor uno de esos tios que van a ligar a los supers. Te ven presa fácil con esa pinta de maruja insatisfecha.
  • Miguel para, para ya, por dios para que mejor no me puedo portar!
  • A ti te voy a parar los pies. No te quiero ver más con esa cara de mártir. ¡Me oyes! Y menos cuando vas por ahí meneando el culo como una fulana.
  • Ya no se qué hacer para complacerte , Miguel. Te quiero y lo sabes, sin ti no soy nada. Ya apenas hablo con nadie, sólo salgo al super. Lo sabes. – Contesta entre ahogos y tartamudeando por el miedo que se le apoderado.
  • Maldita mentirosa, hoy te he visto en el super, hablando con ese chaval que repone las bebidas. Te miraba como lo que eres y tú le has respondido con sonrisitas, esas que tú y yo conocemos y que me ponen muy cachondo. Puta, más que puta.

Clic.clic.

Esta tía se cree que va a jugar conmigo. Tía de mierda. Si no es por mi seguiría en aquella oficina que decían era de seguros Santa Lucia, pero se notaba que la tenían de señorita de hacer favores. La rescaté y así me lo agradece.

La mantengo y aprendido a cuidarla porque en los comienzos del noviazgo era un  calzonazos total. Le escuchaba sus lloriqueos, la convertía en más mojigata de lo que ya era al besarla e intentar tranquilizarla, consintiéndole las idas y venidas que se llevaba con sus amigas. ¡A saber cuantas veces me puso ornamenta en mi cabeza!

Creo que algo va a prendiendo ya que cada vez que hace que se me despierte el gusano, se lo hago saber y le arreo dos ostias, que sepa que conmigo no se juega, que no tiene nada de gatita, al contrario, ya le voy a sacar esos humos de lagarta.

Ya lo creo que la encarrilo, bien encarrilada. Para eso es mía. ¿No te parece?

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Pilar Moreno, 8 de marzo de 2017

LATIDOS

Las olas mecían la barcaza de goma como si de una hoja se tratara. Vaivenes que iban in crecento  según se adentraban en el mar abierto. Yasima llevaba sujeto  su bebe con una enorme sábana que envolvía los dos el cuerpo. Sentía sus latidos pausados, contrastando con los suyos que parecía que le iban a hacer estallar el corazón. Intentaba retomar fuerzas mirando al horizonte donde conseguía vislumbrar la tierra anhelada.

Rezaba a su dios con una devoción desmedida, lo necesitaba para poder sobrellevar aquella pesadilla.

La travesía tenía que durar 30 minutos. Cada segundo que pasaba parecía media hora para ella y  para todos los que la acompañaban en aquella patera. Sus ojos reflejaban miedo, mucho miedo. Entre tantos hombres ella se sentía segura o eso quería sentir. No imaginaba que iba a ser de ella y de su hijo al tocar tierra firme, pero esa historia ya la afrontaría en su momento. Sólo pensaba en que aquella travesía saliera bien.

No podía volver a otra vez a Sudan. Le esperaba ser apedreada por haber parido el hijo que llevaba en sus brazos, una criatura inocente y ajena al hecho de haber  sido concebida en una de las violaciones a las que había sido sometida.  No pudo defenderse en el juicio. Ni tan siquiera buscaron a los militares que abusaron de ella una y otra vez después de haber matado a su marido.

Se levantó un viento huracanado que movía terriblemente aquella barcaza que por momentos parecía ser de papel. Ella se aferraba a los dolorosos recuerdos para aliviar el miedo que le calaba los huesos. ¡Saldría bien esta huida, tenía que salir!

Por momentos, el mar  se estaba encrespando peligrosamente. Sus compañeros, presos del pánico, se movían intentando equilibrar las subidas y bajadas, pero era peor. Si uno se levantaba, los otros perdían el apoyo que les daba estar hombro con hombro. Ella, cerca del que manejaba el motor, se acurrucó y se agarró al pie del motor, quemaba, pero aguantó, era a lo único que podía sujetarse. Protegía con su cuerpo al bebé.  Vio caer a varios por la borda entre gritos de desesperación. Nadie ayudaba a nadie,  a duras penas conseguían mantenerse en la balsa.

No estaba muy lejos tierra firme, tal vez a sólo dos o tres millas, pero la mayoría no sabía nadar. Era la primera vez que habían visto el mar. Ella rezaba y rezaba, entreoyendo la palabrería que voceaba el «capitán».

– ¡¡¡Malditos cabrones saltar!!! vais a volcar la barca. Ahí está la orilla, las olas os llevarán hasta allí. ¡Saltar!  – Chillaba sin soltar el timón del motor, a la vez que propinaba patadas a los que tenía a su alcance. De vez en cuando conseguía tirar a alguno al mar. Se arremolinaron en el otro extremo, fuera de su alcance. Entonces sacó un arma y les apuntó. Disparó y mató a un hombre, a lo que respondieron varios de ellos  con una zambullida suicida al  mar bravo ya que tal vez fuera menos peligroso que aquel criminal.

Quedaron cinco personas en total sobre la barca y él se calmó. El capitán volvió a intentar encaminar el rumbo hacía tierra firme, pero no hubo forma, las olas cubrían y empujaban con furia. Volcaron.

Ella no sintió el helor del agua en alta mar, ni el remolino que la engullía, tampoco como se le llenaban los pulmones de sal, sólo sintió el último latido de aquel minúsculo corazón que había dejado de respirar.

Pilar Moreno, 2 de marzo de 2017

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DECISION JUSTA

NARRADOR OMNISCENTE
Decisión justa
Hacía unas semanas que Carmen se refugiaba en el baño de señoras, a oscuras y en silencio, para dejarse llevar por el dolor que le encogía las entrañas. Hasta que no se sentía vacía, no salía, debía secarse las lágrimas y ahogar los suspiros de desesperación.
Le esperaban días de decisiones drásticas a las que no podía darles la espalda y ni mucho menos defraudar a sus empleados que la tenían por una mujer atenta y comprensiva aunque detectaban ese punto de frialdad y distancia que ella había puesto. Nada demasiado personal, se decía con tono de auto-convencimiento.
Intentaba recurrir a esa frialdad para solucionar la hecatombe que se avecinaba ya que el maldito divorcio le estaba costando demasiado caro a todos los niveles. El muy cabrón se había ido al extranjero vaciando todas las cuentas de la empresa. La policía lo había declarado fugitivo.
¡Cómo echar a todo esa gente a la calle por tan mala decisión! Nunca debió casarse con él. Todo el mundo le decía que parecía más un gigoló que un hombre con algo más de dos dedos de frente. Era un embaucador atractivo y dinámico, la hechizó.
Una vez en su despacho volvió a revisar los pagarés que vencían al día siguiente. Bailaban por su sangre esas cifras millonarias, hasta que acabaron metiéndose en su cerebro y obcecándola hasta decidir subir a la azotea.
Contempló un atardecer que le supo a despedida y que la incitaba a entrar en la noche oscura, donde imaginaba que todo quedaría fuera de su alcance y donde podría por fin descansar de una vez por todas.
Sabía que era muy injusto para los que se quedaban pero para ella sabía que aquello iba a ser justo y liberador. Saltó con semblante sereno. Le fue muy fácil.

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Pilar Moreno, 28 de febrero de 2017

Palabras ajenas

     (Sobre el cuento de Quim Monzó: El cuento)

Aquella tarde realmente estaba nervioso porque no fluían las letras en mi cabeza. Me picoteaban mil ideas en la frente, pero no conseguía dar con una escaleta que reflejara un guión redondo y original.

El portátil echaba humo, como yo. Creía estar desgastando la tecla del Suprimir. Ni una sóla frase me parecía con suficiente gancho como comienzo , eso sí, sabía que si daba con ella, lo demás vendría rodado.

Después de más de doscientas líneas pasadas por el Sup, vislumbré un apoteósico comienzo:

“Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo” (Cien años de soledad, Garcia Márquez)

Y fue así como empecé a teclear la historia a un ritmo frenético. Fluía, todo fluía a velocidad de vértigo. Pasaron las horas, las luces anaranjadas del atardecer, las nacaradas del amanecer y yo tecleaba desenfrenado hasta que asomó en mi mente la palabra FIN.

Me recosté satisfecho en mi sillón. Endiose mi ego al verme capaz de conjugar y jugar con los tiempos tan fácilmente.

Llegó el momento de imprimir todo aquello y releerlo aunque ya sabía que no habria ni una sola errata. Nunca estuve tan seguro de que había hecho un trabajo tan perfecto.

El título: vaya rollo. Sabía que un título mal escogido arruinaría mi obra maestra.

Volvieron a pasar las horas anaranjadas, las nacaradas y  la tecla de retroceso volvía a sacar humo.

Por fin dí con uno: “Cien años de soledad” , pero era como que me sonaba a ya editado. Bajé la pantalla del Word y consulté internet.

Tecleé en Google el titulo que había elegido y entonces me derrumbé. Salían más de mil entradas relacionadas con ese título. Entré en  Wikipedia y amargamente vi como encumbraban a un tal García Márquez. Seguí leyendo lleno de ira: “el comienzo de su libro “Cien años de soledad” ha sido elegido como el mejor comienzo de todos los tiempos”.

¡Plagio, plagio! ese sudaca me ha plagiado los  pensamientos, me los ha robado, el cómo no lo sé, pero eso no importa! ¡Me ha arruinado, me ha ultrajado! ¡Maldito cabrón!

Empecé a estampar contra la pared todo lo que había sobre la mesa, el portátil, la lámpara, la impresora, los folios….. los libros, no, no, sólo había uno allí encima: un poco grueso, algo antiguo, su título era ….. Cien años de soledad.

Hoy recuerdo todo aquello como una película ajena a mí. Los médicos me dicen que tuve un brote psicótico y que influenciado por la lectura de esa magnífica obra, entré en un trance del cual me está siendo muy difícil salir. Ni este centro, ni las pastillas van a hacer que renuncie a mi identidad, aunque eso no puedo decirlo en voz alta  porque entonces no saldría nunca de aquí.

Firmado: Gabriel García Márquez

 

Pilar Moreno 17-2-2017

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Relato sobre la crónica de un suceso real.

Suceso:

Investigan la muerte de un niño que fue castigado con correr por la calle de noche en ropa interior Ubicación de la localidad francesa de  …

El castigo pudo haberle sido aplicado por haberse orinado en la cama. El cadáver de Yanis, de cinco años, fue encontrado el domingo en la localidad francesa de Aire-sur-la-Lys con un traumatismo craneoencefálico. Su padrastro y su madre figuran como sospechosos.


Mi relato:

Yanis era un niño triste, le faltaba la sonrisa cándida, propia de un niño de cinco añitos. Vivía en un piso minúsculo con sus cinco hermanos,  su madre, una mujer menuda que hacía un año se había casado con   un hombre ordinario, fatuo y muy creyente.

Yanís tenía suerte, era  menudito y silencioso, lo que le favorecía para que  lo llevasen a la cama de matrimonio por la noche, no había espacio en la habitación de sus hermanos. Ahí era donde mejor se sentía.

Su padrastro tenía unas manos rasposas, parecían guantes de esparto, pero a él, cuando lo tocaba, le entraba un sueño que le gustaba y sobretodo cuando le acercaba aquella pieza calentita y la rozaba por su espalda. Se quedaba dormido.

Una noche su madre entró en cólera y lo sacó de la cama a patadas. Lo acusaba de haberse orinado. Él sabía que no, que aquella humedad había salido de aquella cosa calentita que cada noche usaba para relajarlo.

Salió a la calle en pijama, desorientado. Con el frío de la noche, sus lágrimas le parecían hielos resbalando por sus mejillas. Sus pies helados tropezaban una y otra vez hasta que al final cayó por un terraplén y perdió el conocimiento.

Su padrastro lo encontró y suspiró hondo, tranquilizándose.

Le fue muy fácil hacer que su acto pareciera un accidente: le incrusto una gran piedra  en la frente. El alivio fue inmenso, se sintió liberado de la tentación que le provocaba aquel niño, una tentación que le despertaba libidinosos pensamientos y peores actos. Sabía que todo aquello estaba muy mal visto por  los ojos de Dios.

Muerto el perro, se acabó la rabia, se decía para sus adentros.

 

Pilar Moreno, 14 de febrero de 2017

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El hombre invisible

El hombre invisible.

Aquel hombre era invisible, pero nadie se percató de ello.

Autor: Gabriel Jiménez Emán


 

Era una locura el ir y venir de las camillas por la entrada de urgencias. Un trágico accidente de  autocar, provocado por la imprudencia del conductor que había fallecido en el acto. Resultado: treinta heridos graves y 15 muertos.

 

Por los altavoces se pedía la colaboración de los trabajadores y familiares para que  donaran sangre de forma urgente. Rápidamente se formó una cola de personas exhaustas por el llanto y de otras que intentaban consolarlas.

Se les unió un caballero bien vestido, parecía uniformado al llevar un escudo cosido en el sueter azul marino. Se sujetaba el costado fuertemente. Su tez blanquecina, casi ceniza, suscitaba inquietud, pero nadie parecía percatarse de su presencia.

 

Le tocó el momento de entrar para la donación, pero sin saber porqué una y otra vez  se le adelantaba alguien que estaba detrás de él. Era un hombre muy prudente que aguantaba el desagravio estoicamente y eso que un reguero de sangre  inundaba sus pies. Sí, tenía una gran herida bajo su mano. Se le había clavado una de las aspas del volante y allí seguía sin aliento y sin ganas de tenerlo. Culpabilidad, sólo sentía culpabilidad y remordimientos.

 

Pilar Moreno, 9 de enero de 2017

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Le robaron el corazón

«Le robé el corazón

-Ya puede empezar el trasplante , doctor. » (Autor: Alejandre Alcalde Vicente)

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Fausto intentaba prestar atención a las palabras que traspasaban el fino panel de aquel gélido box.

–          Doctor ya puede comenzar el trasplante.

–          No, todavía no. Me falta la confirmación del banco- replicó una voz en tono imperativo.

Cada vez más aturdido seguía la conversación a la vez que en su cabeza retumbaba la duda del por qué le tenían que administrar  anestesia total para poder extirparle la mullidita verruga que tenía en la frente y  que le había acompañado a lo largo de los últimos 8 años.

En el reconocimiento médico que le practicaron en el albergue lo asustaron mucho ya que le insinuaron  que el color y la forma podía deberse a  un tipo de cáncer de piel muy agresivo.

Sin vacilar dijo que sí, que si aquello era sospecho de ser maligno, que se lo quitaran cuanto antes. Sólo le faltaba tener que mendigar también  para poder calmar los dolores que ese bicho le provocara al comerse su piel.

El ruido de camillas y la confirmación de que el quirófano estaba preparado, lo sacó de su ensimismamiento. Sin mediar palabra, la enfermera entró, le puso la vía y se lo llevó al trote. Lo colocaron bajo la intensa luz, lo que provocó que girara la cabeza y viera justo al lado, en otra camilla, a un tipo corpulento y peludo, con el pecho abierto en canal y enchufado a mil y una máquina.

Quiso preguntar, despavorido,  qué era todo aquello, pero la anestesia ya estaba cumpliendo el objetivo de dejarlo ko casi en el acto.

Al abrir los ojos, 24 horas después, se sentía muy extraño: aterrado, pesado, dolorido y enorme. Sentía las caras de cuatro personas observándole  muy de cerca mientras iban anotando cosas en sus cuadernos. No reconoció su propia voz cuando pregunto por el resultado de la extirpación de la verruga. Todos pusieron cara condescendiente y entonces  el cirujano se dirigió a los estudiantes:

–          A veces pasa que el paciente, después de una operación de estas características, esté desorientado, incluso que pierda su identidad por una temporada.

Sonriendo y dándole cálidas palmaditas, salieron de la habitación.

Fausto se llevo la mano a la frente. Le pareció extraña al dar con unas pobladísimas cejas y ni una de sus mil y una arrugas. No encontró verruga ni herida alguna. Se palpó la cara, el cuello…. definitivamente no reconocía aquel cuerpo.

Muy alterado tocó el timbre de emergencia y al segundo apareció una enfermera:

–          ¡Qué bien que ya ha despertado Don Manuel!  ¡Bienvenido de nuevo a este mundo! Voy a llamar a su esposa, acaba de bajar a desayunar. –Parloteaba sin apenas mirarlo, sin darle pie a decirle que él era Facundo, que todo aquello era una equivocación, que aquel no era su cuerpo …

 

Pilar Moreno, 9 de febrero del 2017

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Bien adiestrado

Siempre había en sus vidas una tercera persona. Era él el que se encargaba de que ese tercer  humano fuese un ser sumiso, insignificante, falto de cariño. Daba lo mismo el género. Para los fines de la pareja  daba igual.

Él siempre,  henchido de un orgullo malsano,  se paseaba a la vista de todos, con su mujer y el esplendido can-humano atado con una correa metálica y collar de estrangulamiento.

Primero lo sometían a un adiestramiento riguroso: siéntate, estírate, salta, dame la pata, trae la pelota, sube, baja, caga, mea, chúpame las botas…. Todo lo que se le exige a un perro educado y digno de unos amos altivos e intransigentes.

Una vez bien educado tocaba lucirlo en los garitos donde se cotizaban los perros de alto standing. Ese era su negocio: adiestrarlos para venderlos al mejor postor.

Al can se le veía esa entrega que da el miedo, esa que sabes que lo haces o mueres. Se pasaba toda la noche obedeciendo aberraciones de los posibles compradores: su lengua sangraba de tantos lametazos a cosas extrañas, sus genitales irritados de tanto manoseo, sus pezones hirviendo de tantos pellizcos, pero sus ojos delataban sumisión, agradecimiento por cada atención doliente que recibía. Cuanto más sabía expresar su emoción y miedo, más dinero valía.

Aquella noche habían dado con una mujer que pujó encaprichada de Boby. Se hicieron los duros hasta que la suma les pareció aceptable: 12.000 €.

Se lo entregaron con correa incluida. El can suplicaba con su mirada que no lo hicieran. Ni se despidieron de él.

Al salir del local les cegó las luces de un crepúsculo anaranjado, muy rojizo. Ella le dijo que lo quería de pie, tras  ella. No soltaba la pesada correa metálica, aunque la iba acortando cada vez más. Cuando lo tuvo pegado a ella le dijo:

  • Por fin serás un perro faldero. Te afeitaré, te cuidaré, recibirás cariño y espero que con el tiempo tú también me lo des a mí.

¿Cariño? ¿Caricias? Muy cabreado le saltó a la yugular y consiguió dejarla ko y, agarrando su correa con la boca,  corrió y corrió, jadeando, hasta la casa de sus auténticos amos, los cuales lo volvieron a acoger después de fustigarlo por haber tardado tanto en volver a casa.

Pilar Moreno, octubre 2016

(En tercera persona)

Conversación de un matrimonio

–          Sería bonito ir a Paris. Allí la gente se enamora o se vuelve a enamorar.

–          ¡Deja, deja! Tú siempre tan cursi y romántica.

–          China, aquello sí que es un buen viaje. Te imaginas la de cosas que podemos comprar? Dicen que es exótico y que no hay delincuencia. Paris? Mecaguen tó. Siempre pendiente de  quien te va a robar o de si hay yijadistas alrededor.

–          Seguro que en China nos meten en un hotel lleno de cucarachas o peor aún en un rascacielos que me da vértigo. Paris tiene hoteles modernistas, con luces tenues, con música de Edie Piaf. Tengo ganas de enamorarme otra vez.

–          Vieja chocha, de quién te quieres enamorar? De mí? Bastante tenemos con lo que tenemos como para soñar imposibles.

–          Yo no chocheo ¡Mal educado! Simplemente siento nostalgia de quienes fuimos. Creo que todavía tengo capacidad de perseguir sueños e intentar ir a por ellos.

–          Pues chica…. Inténtalo sin que te pierdas en el intento. Yo estoy cansado de oírte, de hacerte poner los pies en el suelo Lela, más que lela!!

–          Es nuestra oportunidad, nos quedan pocas ya.

–          Yo opto por China. Tú haz lo que quieras, pero para ir a esa ciudad decadente, me quedo aquí.

–          Pues yo no voy a China que para eso ya tengo aquí bazares con ofertas muy buenas. Me voy con Dolores, seguro que ella se apunta a un viaje glamoroso. Tú vete con su marido, seguro que dejáis la visa con telarañas.

Ring, ring, ring

–          ¿¿¿Dolores nos vamos a París???

–          Claro mi amor. Han picado, jajaja. Son muy predecibles estos machorros que tenemos de maridos. ¡Ponte bien guapa y sexy! una semanita para las dos no la hemos tenido desde que se fueron a Polonia a berrear los goles de la selección.

Pilar Moreno, 27 octubre 2016

(Un diálogo con un minino de diez intervenciones)

Malditas flores

Que las flores no tapen tus enrojecidos ojos,

ni que la envoltura arrope tu tristeza.

Ramillete de sentimientos maltrechos,

con aroma de humillación,

y color de sufrimiento.

Ve en busca de flores frescas,

de aire con sabor a libertad

y olor a dignidad.

¡Denuncia!  ¡Liberate!

Pilar Moreno, octubre 2016

Sentir… vivir

Muchas veces se preguntaba si oír era lo mismo que sentir, si escuchar era lo mismo que acariciar. Si componer era lo mismo que vivir.

……..

Ella le hablaba entre susurros y él la escuchaba sintiendo la suavidad de su piel entre sus dedos, entornaba los ojos para intensificar el cosquilleo que le provocaba  acariciar aquel cuerpo etéreo, sublime, “de ángel” decía él. Notas melodiosas y saltarinas aparecían al acariciar sus cabellos. Se rendía a ellas sin medida, como si fueran el canto de una sirena.

Ella se dejaba hacer, le ofrecía su cuerpo desnudo contoneado suavemente bajo sus virtuosas  manos. Él intensificaba sus mimos, el tono, su brío. Ella jadeaba elevada, camino del clímax.

Él la acompañaba, excitado, por su melodía. Llegaban al éxtasis al unísono, sudorosos, temblorosos, desmayados sobre la moqueta de aquella habitación oscura.

Sus ojos oscuros, de percepción nula, no necesitaban ver para sentir, ni mirar para vivir, ni contemplar para existir. Los jadeos lo explicaban todo.

Ella, su celestial arpa, le llenaba los ojos de colores, de emociones, … de verdadero amor.

Y él se rendía a aquellos cantos de sirena.

Pilar Moreno, octubre 2016

(escrito después de leer el cuento del «Raspall» de Pere Calders)

El final de un libro.

……….

¿Cómo he podido llegar hasta aquí por aquel maldito libro?

Creí que un tio listo como yo descifraría y ridiculizaría las cábalas y maleficios que auguraban aquellas líneas.

Pude, ya lo creo que pude.

Y aquí está mi castigo por retar a las energías del mal. Me reí de ellas, las imaginé y argumenté a mi manera que no eran más que patrañas de la superstición e ignorancia.

Ahora mi hogar, mi vida y mi alma están aquí encerradas entre dibujos obscenos, frases malvadas y profecías perversas que sé que se cumplirán.

El ignorante fui yo: No debí desafiar a los enigmas de un libro endiablado, en el que se concentraban todas las fuerzas del más allá. Me atrapó, cautivó y destruyó mi yo.

Ahora ya no me quedan fuerzas para buscar la salida, ni sé si quiero encontrarla, me he vuelto sucio, necio y sobre todo vicioso. Sólo me falta desprender fuego para ser un completo diablo. Supongo que el dueño y señor del averno, eso,  tal vez lo intentará otro día.

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Posible comienzo de una historia

El libro se me cayó al suelo por quinta vez….

y abierto siempre por la misma página , ofendiéndome con la maldita ilustración.
-¡De quien coño sería ese roñoso libro y qué pinta en ésta mesa! – me repetía cada vez que lo recogía y lo ponía lo más alejado de mí que podía.
Esos incidentes no me dejaban centrarme en las fórmulas que debía memorizar para el examen que tenía al cabo de dos horas.

No entendía por qué las ecuaciones siempre me estaban dando como resultado el número 69 que coincidía con el número de la página por la que se abría el libro y donde aparecía esa ofensiva imagen de dos lagartos en una posición que dibujaba un obsceno 69.

Estaba desquiciando por querer acabar con aquel mal augurio. Cinco veces era ya demasiada casualidad. Llegué al convencimiento de que se trataba de un mal de ojo enviado por alguno de los endemoniados compañeros de la clase.
– Pues sí, tal vez debería ser más listo que ellos, dejar de lado los apuntes y centrarme en descubrir que me puede enseñar este maldito libro…

Continuará.

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Un mundo al otro lado del espejo

Mi nombre es Rapil y vivo en el mundo de Sarteralip que está al otro lado del espejo.

Es un lugar extraño, oscuro y plano, como yo.

Mi contacto con el Otro Mundo sólo es a través de una ventana , separada por una fina lámina de frío mercurio. No soy infeliz. Tampoco feliz.

Danzo y me balanceo sobre los rayos de sol que se filtran por las ventanas del otro cuarto, aunque aquí lleguen con un haz de luz incandescente, grisáceo y helado.
Intento disfrutarlos intensamente porque la longitud de mi noche depende de la vida que haya al otro lado. A veces son días y días de completa oscuridad.

Mato las horas hablando con las ninfas del dia, aquí llamadas Safnin led aíd , cuando aparecen. Ellas me hacen la estancía más llevadera con sus lamentos y desventuras. Fueron castigadas por el Día al ir perdiendo el duende de la Alegría. Como yo, que fuí castigada por perder el Arco Irís que se reflejaba en el horizonte de mi vida.
Me reconforta la agonía de ellas, no estoy tan sola en la mía.

También me gusta dormir y dormir, soñar y soñar, buscar y buscar los colores que ya apenas puedo recordar. Tengo esperanza y mucha constancía en el intento. Me conformo con los relatos de mis fantasmas que a veces me hacen volar a caricias y músicas muy cercanas a la felicidad.

Vivir de recuerdos y nostalgia es lo que me queda.
No, no soy feliz. Tampoco infeliz.
Simplemente asumo mi vida gris.

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NUMEROLANDIA

Ponerme a pensar en la opinión que tengo de los números es un verdadero reto (Ésta Palabritis Aguda me va a volver loca 🙂 ) Están tan integrados en cada acto y paso de nuestras vidas que se parecen a la sombra que siempre llevamos pegada al trasero.

Manos a la obra, parece divertido:
El 1 para mi significa más cosas negativas que positivas: solitario, autoritario, individualista.
El que mejor me cae es el cinco. Foneticamente es musical, charlatán, regordete y simpático. Forma un grupete ni muy grande ni muy pequeño. Fijo que siempre se lleva bien con sus colegas.

Las decenas me gustan… cien son muchos y mil una inmensidad. Ser uno, es triste. La decena es acogedora.
Para cursi… el dos. De tí para mí, de mí para tí. Poca cosa, círculo que empalaga.
¿Iracundo? El tres. Siempre celoso, ansioso y pendiente de los otros dos. Crispado por tener que compartir.

Creo que los números primos tienen que ser fuertes y valientes. Saben que sin su robustez no tienen nada que hacer. Pocas novias y pocos amigos, aunque los tengo por sabios y muy poderosos.
Los pares don dulces, melosos, fieles compañeros.
¡Ay pobres decimales! Siempre siendo parte de algo, la coletilla de la dichosa coma. Son sirvientes e incompletos. ¡Pobres!
¡Dichosos quebrados! son enigmáticos, muy mal definidos. Parecen rotos a pesar de forman parte muy importante de los enteros. Son jeroglíficos para sus compañeros.

Numerología sería un pais lleno de pizarras, pantallas y ordenadores. Teclados sin letras. Con infinidad de ecuaciones y logaritmos en sus vidas y sus edificios serían tan altos como las tablas de multiplicar: infinitos, impertérritos, se entremezclarían con los misterios del cosmos.

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RELOJES: 24 FRASES , UNA SOBRE CADA HORA DEL DÍA.

1:00… Tecleo sonriente, inmersa en mis pensamientos, acompañada por el sonido de las teclas.

2:00 … Releo lo escrito con un parpadeo somnoliento, etéreo.

3:00 …Ya no retoco más, me voy a dormir, creo que estoy satisfecha.

4:00 … No paro de dar una vuelta y otra, estoy inquieta, crispada . ¿Estará todo correcto? ¿Me levanto?

5:00 … Tengo ganas de orinar, pero mejor no lo pienso ahora que ya he conseguido coger el sueño.

6:00… Me meo!!! me voy a romper las crisma corriendo y bajándome las bragas a la vez… ufff llegué a tiempo ¡¡¡Qué desahogo!!!

7:00 … Malditos bichos, acribillan mis sueños. Vueltas y más vueltas mientras el sueño va por donde le da la gana.

8:00 … Entreabro los ojos, no tengo noción del tiempo ni del espacio. Me da igual.

9:00 … Sigo disfrutando de la duermevela porque no tengo sueños, no tengo nada.

10:00 … El despertador me aturde, como una sirena metida en el cerebro, arruinando la placidez del momento. ¿Por qué coño lo puse?

11:00 … Ni la taza de cereales consigue girarme el mal humor.

12:00… Qué le den por culo al teléfono, joder!!! No me muevo del sofá a esta hora ni de coña.

13:00 … Vaya mierda de programas ponen. Un gallinero es más coherente que todos ellos.

14:00 … Un aperitivo me sentará de puta madre. Ummmss… jamoncito y una cerveza me llega.

15:00 … Buffff… eso de traerme la bandeja del embutido no ha sido buena idea, estoy a reventar.

16:00 … joder, mi cabeza!!! puta resaca!!! Otra cervecita fijo que me la amortigua.

17:00 … Sabía que me iba a poner mejor aunque ya me sale caro el apaño, ya van 6 desde que me he levantado de la siesta.

18:00 … Este chandal cada vez me viene más pequeños, será que se encoge al lavarlo? Aunque esta tripa que me está saliendo… la llaman cervecera, yo la llamo de bulímica perdida.

19:00 … Ay menos mal que consigo correr lo mismo de hace un mes, aunque sea la mitad de hace tres meses. El footing no es lo mío, pero estoy orgullosa de obligarme.

20:00 … Me apetece algo rico. Ensalada de lechuga, surimi, gambitas y tomate. Luego algo de jamón con la cervecita.

21:00 … Bien, muy bien… a ver el telediario y al ordenata que me espera.

22:00 … Ya empiezo a notar las musas alrededor…. o seran las brujas, no sé.

22:00 … Esto de releer es un rollo, no me gusta nada lo que escribí anoche.

23:00 … Empiezo a tenerlo muy claro. Sin colocón de cerveza me vuelvo una cursi sensiblera que mea fuera de tiesto.

24:00 … Sí, con cerveza en vena la cabeza pone los puntos sobre las ies: No puedo ser escritora porque no tengo nada que contar aparte de mis divagaciones de alcohólica anónima y para eso ya estan los putos americanos con sus charlas de amargados e insatisfechos grupos.

1:00 … Esto es más vida: sofá, cervecita, tacos de manchego y a esperar la hora de las apuestas online.

Beautiful_RafaelaTamaradeLempicka(Ilustración: Tamara de Lempicka)

Relato hecho por la propuesta de la simpática :    Palabritis Aguda

2 de febrero de 2016

Un fin de semana ideal

Sería un placentero fin de semana sentirme envuelta por el olor a mar, con sabor a mar… bañada por un templado mar. En las aguas profundas del mar.

Me gustaría convertirme en un Nautilus enorme, de cascarón blanco nacarado, que absorbiera los vibrantes colores de las hierbas mecidas a mi alrededor.

Me gustaría trepar, con mis noventa tentáculos,  por las rocas  y dejarme rodar para poder remover la arena del fondo y encontrar algún tesoro que me hiciera ser más feliz todavía. Subir y bajar, subir y bajar como un niño en un tobogán, sintiendo la aventura en cada acto, en cada movimiento. Seducir a los aburridos peces, a los sedentarios caracoles y a los bellezones corales. Me encantaría.

Me gustaría dormir dentro de la enorme concha notando el vaivén de las corrientes, la música orquestada por el agua. Me dejaría llevar por el rumbo que marcara la brújula de los dioses del mar.

 
(Wikipedia : Nautilus (del griego ναυτίλος, «marinero») es
un género de moluscos cefalópodos del que sobreviven hoy en día tres especies. Reciben el nombre común de nautilos. Se considera al Nautilus un fósil viviente.)

nautilus